Supongamos que el trabajo necesario para el sustento del productor y de su familia absorbe todo su tiempo disponible: ¿cómo encontraría medio de trabajar gratuitamente para otro? Sin un cierto grado de productividad del trabajo, no hay tiempo disponible; sin este exceso de tiempo, no hay sobretrabajo, y, por consiguiente, no hay supervalía, ni producto neto, pero tampoco hay capitalistas, ni esclavistas, ni señores feudales; en una palabra, no hay clase propietaria.
Se ha tratado de explicar este grado de productividad necesaria, como una cualidad natural del trabajo; pero esta sería una productividad precoz con que la Naturaleza hubiera dotado al hombre al colocarlo en el mundo.
Por el contrario, las facultades del hombre primitivo no se forman sino lentamente, bajo la presión de sus necesidades físicas. Cuando, merced a rudos esfuerzos, los hombres consiguen elevarse sobre su primer estado animal, y cuando ya, por consiguiente, su trabajo está en cierto modo socializado, entonces, y solamente entonces, se producen condiciones tales que el sobretrabajo de uno puede llegar a ser origen de vida para otro que se descarga sobre él del peso del trabajo, lo cual jamás se efectúa sin el auxilio de la fuerza, que somete el uno al otro. La productividad del trabajo es el resultado de un largo desenvolvimiento histórico.
Excepción hecha del modo social de producción, la productividad del trabajo depende de las condiciones naturales en que se efectúa el trabajo. Todas estas condiciones pueden referirse al hombre mismo, a su raza, o a la Naturaleza que le rodea. Las condiciones naturales exteriores se descomponen, desde el punto de vista económico, en dos grandes clases: riqueza natural en medios de subsistencia, es decir, fertilidad del suelo, pesca abundante, etc., y riqueza natural en medios de trabajo, tales como saltos de agua, ríos navegables, maderas, metales, carbón, etc. En los orígenes de la civilización, la primera de las dos clases la simboliza; en una sociedad más adelantada, la civilización está representada por la segunda.
La ventaja de las circunstancias naturales proporciona, si se quiere, la posibilidad, pero nunca la realidad del sobretrabajo, ni, por consiguiente, del producto neto o de la supervalía. Según sea el clima más o menos dulce, el suelo más o menos fértil, etc., el número de las primeras necesidades (alimento, vestido) y los esfuerzos que su satisfacción exige, serán mayores o menores; de suerte que, en circunstancias por otra parte semejantes, el tiempo de trabajo necesario variará de un país a otro; pero el sobretrabajo no puede comenzar sino allí donde acaba el trabajo necesario. Las influencias físicas que determinan la extensión relativa de este último imponen, pues, un límite natural al sobretrabajo; este límite natural retrocede a medida que la industria adelanta y, al paso que ella, los medios de producción.
En nuestra sociedad, en la que el trabajador solo obtiene el permiso de trabajar para atender a su subsistencia a condición de producir supervalía, se cree generalmente que es una cualidad del trabajo humano el crear supervalía. Fijémonos, por ejemplo, en el habitante de las islas orientales del archipiélago asiático donde la palmera sagú crece en los bosques. Del interior de cada árbol se sacan, por término medio, de trescientas a cuatrocientas libras de harina comestible. Allí se va al bosque y se extrae el pan como entre nosotros se va a cortar la leña. Supongamos que un habitante de esas islas emplee una jornada de trabajo a fin de procurarse lo necesario para la satisfacción de sus necesidades durante una semana; se ve, pues, que la Naturaleza lo ha otorgado un favor, es decir, mucho descanso, y solo obligado por la fuerza emplearía ese tiempo de ocio en trabajar para otro, en sobretrabajo.
Si la producción capitalista se introdujese en su isla, el buen insular debería trabajar tal vez seis días por semana para poder consagrar a su subsistencia el producto de una jornada de trabajo. La concesión de la Naturaleza no explicaría por qué trabajaba ahora seis días por semana en lugar de uno que antes bastaba para su subsistencia, en otros términos, por qué creaba supervalía. Únicamente explicaría por qué el sobretrabajo puede ser de cinco días y el trabajo necesario de uno solamente. En resumen, la productividad explica el grado alcanzado por la supervalía, pero nunca es causa de ella; la causa de la supervalía es siempre el sobretrabajo, cualquiera que sea el modo de arrancarlo.
CAPÍTULO XVII
VARIACIONES EN LA RELACIÓN DE INTENSIDAD ENTRE LA SUPERVALÍA Y EL VALOR DE LA FUERZA DE TRABAJO
I. La duración y la intensidad del trabajo no cambian, su productividad cambia. — II. La duración y la productividad del trabajo no cambian, su intensidad cambia. — III. La intensidad y la productividad del trabajo no cambian, su duración cambia. — IV. Cambios simultáneos en la duración, en la intensidad y en la productividad del trabajo.