ESCENA VI.
DOÑA IRENE, RITA.
D.ª Irene.—¡Válgame Dios! ahora que me acuerdo... ¡Rita!... Me le habrán dejado morir. ¡Rita!
Rita.—Señora.
(Sacará Rita unas sábanas y almohadas debajo del brazo.)
D.ª Irene.—¿Qué has hecho del tordo? ¿Le diste de comer?
Rita.—Sí, señora. Más ha comido que un avestruz. Ahí le puse en la ventana del pasillo.
D.ª Irene.—¿Hiciste las camas?
Rita.—La de usted ya está. Voy á hacer esotras antes que anochezca, porque si no, como no hay más alumbrado que el del candil y no tiene garabato, me veo perdida.
D.ª Irene.—Y aquella chica ¿qué hace?