Rita.—Sí. De la señorita y mío.

Calamocha.—¡Bribona!

Rita.—¡Botarate! Adios.

Calamocha.—Adios, aborrecida.

(Éntrase con los trastos al cuarto de don Carlos.)

ESCENA IX.

DOÑA FRANCISCA, RITA.

Rita.—¡Qué malo es!... Pero... ¡Válgame Dios, don Félix aquí!... Sí, la quiere, bien se conoce... (Sale Calamocha del cuarto de don Carlos, y se va por la puerta del foro.) ¡Oh! por más que digan, los hay muy finos; y entonces, ¿qué ha de hacer una?... Quererlos: no tiene remedio, quererlos... Pero ¿qué dirá la señorita cuando le vea, que está ciega por él? ¡Pobrecita! ¿Pues no sería una lástima que?... Ella es.

D.ª Francisca, saliendo.—¡Ay, Rita!

Rita.—¿Qué es eso? ¿Ha llorado usted?