D. Carlos.—Buen provecho.
Calamocha.—Si hay alguna real moza que guste de cenar cabrito, levante el dedo.
Rita.—La real moza se ha comido ya media cazuela de albondiguillas... Pero lo agradece, señor militar.
(Éntrase en el cuarto de doña Irene.)
Calamocha.—Agradecida te quiero yo, niña de mis ojos.
D. Carlos.—Conque, ¿vamos?
Calamocha.—¡Ay, ay, ay!... (Calamocha se encamina á la puerta del foro, y vuelve; se acerca á don Carlos, y hablan con reserva hasta el fin de la escena, en que Calamocha se adelanta á saludar á Simón.) ¡Eh! chit, digo...
D. Carlos.—¿Qué?
Calamocha.—¿No ve usted lo que viene por allí?
D. Carlos.—¿Es Simón?