D.ª Irene.—He de matarla.
ESCENA XIII.
DON CARLOS, DON DIEGO, DOÑA IRENE, DOÑA FRANCISCA, RITA.
D. Carlos.—Eso no... (Sale don Carlos del cuarto precipitadamente; coge de un brazo á doña Francisca, se la lleva hacia el fondo del teatro, y se pone delante de ella para defenderla. Doña Irene se asusta y se retira.) Delante de mí nadie ha de ofenderla.
D.ª Francisca.—¡Carlos!
D. Carlos (acercándose á don Diego.)—Disimule usted mi atrevimiento... He visto que la insultaban, y no me he sabido contener.
D.ª Irene.—¿Qué es lo que me sucede, Dios mío?... ¿Quién es usted?... ¿Qué acciones son estas?... ¡Qué escándalo!
D. Diego.—Aquí no hay escándalos... Ese es de quien su hija de usted está enamorada... Separarlos y matarlos, viene á ser lo mismo... Carlos... No importa... Abraza á tu mujer.
(Don Carlos va adonde está doña Francisca, se abrazan, y ambos se arrodillan á los piés de don Diego.)
D.ª Irene.—¿Conque su sobrino de usted?