Rita.—Sí, dígaselo usted, que no lo ha reparado la niña... Señorita, un millón de besos.

(Doña Francisca y Rita se besan, manifestando mucho contento.)

D.ª Francisca.—¿Pero ves qué alegría tan grande?... Y tú, como me quieres tanto... siempre, siempre serás mi amiga.

D. Diego.—Paquita hermosa, (Abraza á doña Francisca.) recibe los primeros abrazos de tu nuevo padre... No temo ya la soledad terrible que amenazaba á mi vejez... Vosotros (Asiendo de las manos á doña Francisca y á don Carlos.) seréis la delicia de mi corazón; y el primer fruto de vuestro amor... sí, hijos, aquel... no hay remedio, aquel es para mí. Y cuando le acaricie en mis brazos podré decir: á mí me debe su existencia este niño inocente; si sus padres viven, si son felices, yo he sido la causa.

D. Carlos.—¡Bendita sea tanta bondad!

D. Diego.—Hijos, bendita sea la de Dios.


LA ESCUELA DE LOS MARIDOS

COMEDIA EN 3 ACTOS, EN PROSA, ESTRENADA EN 1812