ESCENA V.
DON ENRIQUE, COSME (Salen los dos de la casa de don Enrique y observan á don Gregorio, que estará distante.), DON GREGORIO.
Cosme.—¿Es él?
D. Enrique.—Sí, él es; el cruel tutor de la hermosa prisionera que adoro.
D. Gregorio.—Pero ¡no es cosa de aturdirse al ver la corrupción actual de las costumbres!...
D. Enrique.—Quisiera vencer mi repugnancia, hablar con él, y ver si logro de alguna manera introducirme.
D. Gregorio.—En vez de aquella severidad que caracterizaba la honradez antigua (Se acerca un poco don Enrique por el lado derecho de don Gregorio, y le hace cortesía), no vemos en nuestra juventud sino excesos de inobediencia, libertinaje y...
D. Enrique.—Pero ¿este hombre no ve?
Cosme.—¡Ay! es verdad. Ya no me acordaba. Si este es el lado del ojo huero. Vamos por el otro.
(Hace que don Enrique pase por detrás de don Gregorio al lado opuesto.)