D. Gregorio.—Bien.
D. Enrique.—Y de manifestarle á usted con la mayor sinceridad cuánto celebraría poderme ocupar en servicio suyo.
D. Gregorio.—Lo estimo.
D. Enrique.—Tengo la dicha de ser vecino de usted, en lo cual debo estar muy agradecido á mi suerte, que me proporciona...
D. Gregorio.—Muy bien.
D. Enrique.—¿Y sabe usted las noticias que hoy tenemos? En la corte aseguran como cosa muy positiva...
D. Gregorio.—¿Qué me importa?
D. Enrique.—Ya; pero á veces tiene uno curiosidad de saber novedades, y...
D. Gregorio.—¡Eh!
D. Enrique.—Realmente. (Después de una larga pausa prosigue don Enrique. Se pára, deseando que don Gregorio le conteste; y viendo que no lo hace, sigue hablando.) Madrid es un pueblo en que se disfrutan más comodidades y diversiones que en otra parte... Las provincias en comparación de esto... Ya se ve, ¡aquella soledad, aquella monotonía!... Y usted ¿en qué pasa el tiempo?