D. Gregorio.—En mis negocios.

D. Enrique.—Sí; pero el ánimo necesita descanso, y á las veces se rinde por la demasiada aplicación á los asuntos graves... Y de noche, antes de recogerse, ¿qué hace usted?

D. Gregorio.—Lo que me da la gana.

D. Enrique.—Muy bien dicho. La respuesta es exactísima, y desde luégo se echa de ver su prudencia de usted en no querer hacer cosa que no sea muy de su agrado. Cierto que... Yo, si usted no estuviese muy ocupado, pasaría, así, algunas noches á su casa de usted, y...

D. Gregorio.—Agur.

(Atraviesa por entre los dos, se entra en su casa, y cierra.)

ESCENA VI.

DON ENRIQUE, COSME.

D. Enrique.—¿Qué te parece, Cosme? ¿Ves qué hombre este?

Cosme.—Asperillo es de condición, y amargo de respuestas.