(Indica en la expresión de sus palabras que va previniendo la ficción con que trata de disculparse.)

D. Gregorio.—¿Pues no he de extrañarlo? ¿Qué ha sucedido? Habla.

D.ª Rosa.—Estoy tan confusa y...

D. Gregorio.—Vamos, no me tengas en esta inquietud. ¿Qué ha sido?

D.ª Rosa.—¿Se enfadará usted si le digo?...

D. Gregorio.—No me enfadaré. Dilo presto. Vamos.

D.ª Rosa.—Sí, precisamente se va usted á enojar, pero... Pues tenemos una huéspeda.

D. Gregorio.—¿Quién?

D.ª Rosa.—Mi hermana.

D. Gregorio.—¿Cómo?