ACTO III.
ESCENA PRIMERA.
DOÑA ROSA, DON GREGORIO.
(La escena es de noche. Doña Rosa sale de su casa, manifestando el estado de incertidumbre y agitación que denota el diálogo.)
D.ª Rosa.—No hay otro medio... Si me detengo un instante, vuelve, pierdo la ocasión de mi libertad, y mañana... No... primero morir. Declarándoselo todo á mi hermana y á don Manuel, pidiéndoles amparo, consejo... Es imposible que me abandonen. Desde su casa avisaré á mi amante, y él dispondrá cuanto fuere menester, sin que mi decoro padezca... (Don Gregorio sale por una calle á tiempo que doña Rosa se encamina á casa de su hermana; se detiene, y al conocerle duda lo que ha de hacer.) Vamos, pero... Gente viene... Y es él... ¡Desdichada! ¡Todo se ha perdido!
D. Gregorio.—¿Quién está ahí, eh? ¡Calle! ¡Rosita! ¿Pues cómo? ¿Qué novedad es esta?
D.ª Rosa.—¿Qué le diré?
D. Gregorio.—¿Qué haces aquí, niña?
D.ª Rosa.—Usted lo extrañará.