Martina (sale por el lado derecho del teatro).—Holgazán, ¿qué haces ahí sentado, fumando sin trabajar? ¿Sabes que tienes que acabar de partir esa leña y llevarla al lugar, y ya es cerca de mediodía?

Bartolo.—Anda, que si no es hoy, será mañana.

Martina.—Mira qué respuesta.

Bartolo.—Perdóname, mujer. Estoy cansado, y me senté un rato á fumar un cigarro.

Martina.—¡Y que yo aguante á un marido tan poltrón y desidioso! Levántate y trabaja.

Bartolo.—Poco á poco, mujer; si acabo de sentarme.

Martina.—Levántate.

Bartolo.—Ahora no quiero, dulce esposa.

Martina.—¡Hombre sin vergüenza, sin atender á sus obligaciones! ¡Desdichada de mí!

Bartolo.—¡Ay, qué trabajo es tener mujer! Bien dice Séneca: que la mejor es peor que un demonio.