Martina.—Miren qué hombre tan hábil, para traer autoridades de Séneca.
Bartolo.—¿Si soy hábil? Á ver, á ver, búscame un leñador que sepa lo que yo, ni que haya servido seis años á un médico latino, ni que haya estudiado el quis vel qui, quæ, quod vel quid, y más adelante, como yo lo estudié.
Martina.—Mal haya la hora en que me casé contigo.
Bartolo.—Y maldito sea el pícaro escribano que anduvo en ello.
Martina.—Haragán, borracho.
Bartolo.—Esposa, vamos poco á poco.
Martina.—Yo te haré cumplir con tu obligación.
Bartolo.—Mira, mujer, que me vas enfadando.
(Se levanta desperezándose, encamínase hacia el foro, coge un palo del suelo y vuelve.)
Martina.—¿Y qué cuidado se me da á mí, insolente?