Ginés.—¡Un sujeto como usted ha de ocuparse en ejercicios tan groseros! Un hombre tan sabio, tan insigne médico, ¿no ha de comunicar al mundo los talentos de que le ha dotado la naturaleza?
Bartolo.—¿Quién, yo?
Ginés.—Usted, no hay que negarlo.
Bartolo.—Usted será el médico y toda su generación, que yo en mi vida lo he sido. (Ap. Borrachos están.)
Lucas.—¿Para qué es excusarse? Nosotros lo sabemos, y se acabó.
Bartolo.—Pero, en suma, ¿quién soy yo?
Ginés.—¿Quién? Un gran médico.
Bartolo.—¡Qué disparate! (Ap. ¿No digo que están bebidos?)
Ginés.—Conque vamos, no hay que negarlo, que no venimos de chanza.
Bartolo.—Vengan ustedes como vengan, yo no soy médico, ni lo he pensado jamás.