Bartolo.—Vaya, señores, ya estoy cubierto... (Pónese el sombrero, y los otros también.) ¿Y ahora?
Ginés.—No extrañe usted que vengamos en su busca. Los hombres eminentes siempre son buscados y solicitados, y como nosotros nos hallamos noticiosos del sobresaliente talento de usted, y de su...
Bartolo.—Es verdad, como que soy el hombre que se conoce para cortar leña.
Lucas.—Señor...
Bartolo.—Si ha de ser de encina, no la daré menos de á dos reales la carga.
Ginés.—Ahora no tratamos de eso.
Bartolo.—La de pino la daré más barata. La de raíces, mire usted...
Ginés.—¡Oh! señor, eso es burlarse.
Lucas.—Suplico á usted que hable de otro modo.
Bartolo.—Hombre, yo no sé otra manera de hablar. Pues me parece que bien claro me explico.