Bartolo.—¡Y qué frescota es! ¡Y qué... regocijo da el verla!... ¡Hermosa boca tiene!... ¡Ay, qué dientes tan blancos, tan igualitos, y qué risa tan graciosa!... ¡Pues los ojos! En mi vida he visto un par de ojos más habladores ni más traviesos.

Lucas.—(Ap. ¡Habrá demonio de hombre! ¡Pues no la está requebrando el maldito!...) Vaya, señor doctor, mude usted de conversación, porque no me gustan esas flores. ¿Delante de mí se pone usted á decir arrumacos á mi mujer? Yo no sé como no cojo un garrote, y le...

(Mirando por el teatro si hay algún palo. Bartolo le detiene.)

Bartolo.—Hombre, por Dios, ten caridad. ¿Cuántas veces me han de examinar de médico?

Lucas.—Pues cuenta con ella.

Andrea.—Yo reviento de risa.

(Encaminándose á recibir á doña Paula, que sale por la puerta de la izquierda con don Jerónimo y Ginés.)

ESCENA V.

DON JERÓNIMO, DOÑA PAULA, GINÉS, LUCAS, BARTOLO, ANDREA.

D. Jerónimo.—Anímate, hija mía, que yo confío en la sabiduría portentosa de este señor, que brevemente recobrarás tu salud. Esta es la niña, señor doctor. Hola, arrimad sillas.