Lucas.—¡Calle, que está usted por acá! Pues ¿qué buen aire la trae á usted por esta casa?

Martina.—El deseo de saber de mi pobre marido. ¿Qué han hecho ustedes de él?

Bartolo.—Aquí está tu marido, Martina: mírale, aquí le tienes.

Martina (abrazándose con Bartolo).—¡Ay, hijo de mi alma!

Lucas.—¡Oiga! ¿Conque esta es la médica?

Ginés.—Aun por eso nos ponderaba tanto las habilidades del doctor.

Lucas.—Pues por muchas que tenga, no escapará de la horca.

Martina.—¿Qué está usted ahí diciendo?

Bartolo.—Sí, hija mía, mañana me ahorcan sin remedio.

Martina.—¿Y no te ha de dar vergüenza de morir delante de tanta gente?