D.ª Agustina.—Pues irán vendidos... quinientos ejemplares.
D. Serapio.—¡Qué friolera! Y más de ochocientos también.
D.ª Agustina.—¿He acertado?
D. Serapio.—¿Es verdad que pasan de ochocientos?
D. Eleuterio.—No, señor, no es verdad. La verdad es que hasta ahora, según me acaban de decir, no se han despachado más que tres ejemplares; y esto me da malísima espina.
D. Serapio.—¿Tres no más? Harto poco es.
D.ª Agustina.—Por vida mía, que es bien poco.
D. Hermógenes.—Distingo. Poco, absolutamente hablando, niego; respectivamente, concedo: porque nada hay que sea poco ni mucho per se, sino respectivamente. Y así, si los tres ejemplares vendidos constituyen una cantidad tercia con relación á nueve, y bajo este respecto los dichos tres ejemplares se llaman poco, también estos mismos tres ejemplares relativamente á uno componen una triplicada cantidad, á la cual podemos llamar mucho por la diferencia que va de uno á tres. De donde concluyo, que no es poco lo que se ha vendido, y que es falta de ilustración sostener lo contrario.
D.ª Agustina.—Dice bien, muy bien.
D. Serapio.—¡Qué! ¡Si en poniéndose á hablar este hombre!...