D. Serapio.—No te pares en enjuagatorios. Aprisa.
Pipí.—Voy, voy allá.
D. Serapio.—Despáchate.
Pipí.—¡Por vida del hombre! (Pipí va detrás de don Serapio con un vaso de agua. Don Hermógenes, que sale apresurado, tropieza con él y deja caer el vaso y el plato.) ¿Por qué no mira usted?
D. Hermógenes.—¿No hay alguno de ustedes que tenga por ahí un poco de agua de melisa, elixir, extracto, aroma, álcali volátil, éter vitriólico, ó cualquiera quinta esencia antiespasmódica, para entonar el sistema nervioso de una dama exánime?
D. Antonio.—Yo no, no traigo.
D. Pedro.—Pero ¿qué ha sido? ¿Es accidente?
ESCENA VII.
DOÑA AGUSTINA, DOÑA MARIQUITA, DON ELEUTERIO, DON HERMÓGENES, DON SERAPIO, DON PEDRO, DON ANTONIO, PIPÍ.
D. Eleuterio.—Sí; es mucho mejor hacer lo que dice don Serapio.