(Doña Agustina, muy acongojada, sostenida por don Eleuterio y don Serapio. La hacen que se siente. Pipí trae otro vaso de agua, y ella bebe un poco.)
D. Serapio.—Pues ya se ve. Anda, Pipí; en tu cama podrá descansar esta señora...
Pipí.—¡Qué! si está en un camaranchón, que...
D. Eleuterio.—No importa.
Pipí.—¡La cama! La cama es un jergón de arpillera y...
D. Serapio.—¿Qué quiere decir eso?
D. Eleuterio.—No importa nada. Allí estará un rato, y veremos si es cosa de llamar á un sangrador.
Pipí.—Yo bien, si ustedes...
D.ª Agustina.—No, no es menester.
D.ª Mariquita.—¿Se siente usted mejor, hermana?