D.ª Mariquita.—Yo encenderé la pajuela.

D.ª Agustina.—Y yo aventaré las cenizas.

D. Pedro.—Así debe ser. Usted, amigo, ha vivido engañado; su amor propio, la necesidad, el ejemplo y la falta de instrucción le han hecho escribir disparates. El público le ha dado á usted una lección muy dura, pero muy útil, puesto que por ella se reconoce y se enmienda. ¡Ojalá los que hoy tiranizan y corrompen el teatro por el maldito furor de ser autores, ya que desatinan como usted, le imitaran en desengañarse!


EL SÍ DE LAS NIÑAS

COMEDIA EN TRES ACTOS, EN PROSA, ESTRENADA EN 1806


PERSONAS