¡Quién sabe, hijo mio! ¿tienes algunas deudas? ¿Te falta algo?
D. Car.
No señor, ahora no.
D. Die.
Mucho es, porque tú siempre tiras por largo... Como cuentas con la bolsa del tio... Pues bien, yo escribiré al señor Aznar para que te dé cien doblones de órden mia. Y mira cómo lo gastas... ¿Juegas?
D. Car.
No señor, en mi vida.
D. Die.
Cuidado con eso... Con que buen viage. Y no te acalores: jornadas regulares y nada mas... ¿Vas contento?
D. Car.