D.ª Fca.
¡Un camino tan largo!
Rita.
¡A lo que obliga el amor, señorita!
D.ª Fca.
Sí, bien puedes decirlo, amor... ¿Y yo qué no hiciera por él?
Rita.
Y deje usted, que no ha de ser éste el último milagro. Cuando lleguemos á Madrid, entonces será ella... ¡El pobre D. Diego qué chasco se va á llevar! Y por otra parte, vea usted qué señor tan bueno, que cierto da lástima...
D.ª Fca.
Pues en eso consiste todo. Si él fuese un hombre despreciable, ni mi madre hubiera admitido su pretension, ni yo tendria que disimular mi repugnancia... Pero ya es otro tiempo, Rita. D. Felix ha venido, y ya no temo á nadie. Estando mi fortuna en su mano, me considero la mas dichosa de las mugeres.