Aquí, á lo menos, ya que no duerma no me derretiré... Vaya, si alcoba como ella, no se... ¡Cómo ronca éste! Guardémosle el sueño hasta que venga el dia, que ya poco puede tardar... (Simon despierta, y al oir á D. Diego se incorpora y se levanta.) ¿Qué es eso? Mira no te caigas, hombre.
Simon.
¿Qué estaba usted ahí, señor?
D. Die.
Sí, aquí me he salido, porque allí no se puede parar.
Simon.
Pues yo, á Dios gracias, aunque la cama es algo dura, he dormido como un emperador.
D. Die.
Mala comparacion. Dí que has dormido como un pobre hombre, que no tiene ni dinero, ni ambicion, ni pesadumbres, ni remordimientos.
Simon.