En efecto, dice usted bien... ¿Y qué hora será ya?

D. Die.

Poco há que sonó el reloj de San Justo, y si no conté mal dió las tres.

Simon.

¡Oh! pues ya nuestros caballeros irán por ese camino adelante echando chispas.

D. Die.

Sí, ya es regular que hayan salido... Me lo prometió, y espero que lo hará.

Simon.

¡Pero si usted viera qué apesadumbrado le dejé, qué triste!

D. Die.