¿Qué dices?... Vamos, ¿qué?

Simon.

¡Y pensaba yo haber adivinado!

D. Die.

Pues ¿qué creias? ¿Para quien juzgaste que la destinaba yo?

Simon.

Para D. Cárlos, su sobrino de usted: mozo de talento, instruido, excelente soldado, amabilísimo por todas sus circunstancias... Para ese juzgué que se guardaba la tal niña.

D. Die.

Pues no señor.

Simon.