D.ª Fca.
¡Yo estoy loca! (Siéntase.)
Rita.
Sin haberse esplicado este hombre, ni decir siquiera...
D.ª Fca.
Cuando iba á hacerlo, me avisaste y fué preciso retirarnos... ¿Pero sabes tú con qué temor me habló, qué agitacion mostraba? Me dijo que en aquella carta veria yo los motivos justos que le precisaban á volverse: que la habia escrito para dejársela á persona fiel que la pusiera en mis manos, suponiendo que el verme seria imposible. Todo engaños, Rita, de un hombre aleve que prometió lo que no pensaba cumplir... Vino, halló un competidor, y diria: pues yo ¿para qué he de molestar á nadie, ni hacerme ahora defensor de una muger?... ¡Hay tantas mugeres!... Cásenla... ¡Yo nada pierdo!... Primero es mi tranquilidad que la vida de esa infeliz... ¡Dios mio, perdon!... ¡Perdon de haberle querido tanto!
Rita.
¡Ay señorita! (Mirando hácia el cuarto de D. Diego.) que parece que salen ya.
D.ª Fca.
No importa, déjame.