Porque eso mismo me obliga á callar.

D. Die.

Eso quiere decir que tal vez yo soy la causa de su pesadumbre de usted.

D.ª Fca.

No señor, usted en nada me ha ofendido... No es de usted de quien yo me debo quejar.

D. Die.

¿Pues de quién, hija mia?... Venga usted acá... (Acércase mas.) Hablemos siquiera una vez sin rodeos ni disimulacion... Dígame usted, ¿no es cierto que usted mira con algo de repugnancia este casamiento que se la propone? ¿Cuánto va que si la dejasen á usted entera libertad para la eleccion, no se casaria conmigo?

D.ª Fca.

Ni con otro.

D. Die.