Tampoco, no señor... Nunca he pensado así.
D. Die.
No tengo empeño de saber mas... Pero de todo lo que acabo de oir resulta una gravísima contradiccion. Usted no se halla inclinada al estado religioso, segun parece. Usted me asegura que no tiene queja ninguna de mí, que está persuadida de lo mucho que la estimo, que no piensa casarse con otro, ni debo recelar que nadie me dispute su mano... ¿Pues qué llanto es ese? ¿De dónde nace esa tristeza profunda, que en tan poco tiempo ha alterado su semblante de usted, en términos que apenas le reconozco? ¿Son estas las señales de quererme exclusivamente á mí, de casarse gustosa conmigo dentro de pocos dias? ¿Se anuncian así la alegría y el amor? (Vase iluminando lentamente el teatro, suponiendo que viene la luz del dia.)
D.ª Fca.
¿Y qué motivos le he dado á usted para tales desconfianzas?
D. Die.
¿Pues qué? Si yo prescindo de estas consideraciones, si apresuro las diligencias de nuestra union, si su madre de usted sigue aprobándola, y llega el caso de...
D.ª Fca.
Haré lo que mi madre me manda, y me casaré con usted.
D. Die.