Nunca diré por qué.
D. Die.
¡Pero qué obstinado, qué imprudente silencio!... Cuando usted misma debe presumir que no estoy ignorante de lo que hay.
D.ª Fca.
Si usted lo ignora, señor D. Diego, por Dios no finja que lo sabe; y si en efecto lo sabe usted, no me lo pregunte.
D. Die.
Bien está. Una vez que no hay nada que decir, que esa afliccion y esas lágrimas son voluntarias, hoy llegaremos á Madrid, y dentro de ocho dias será usted mi muger.
D.ª Fca.
Y daré gusto á mi madre.
D. Die.