Y vivirá usted infeliz.

D.ª Fca.

Ya lo sé.

D. Die.

Ve aquí los frutos de la educacion. Esto es lo que se llama criar bien á una niña; enseñarla á que desmienta y oculte las pasiones mas inocentes con una pérfida disimulacion. Las juzgan honestas luego que las ven instruidas en el arte de callar y mentir. Se obstinan en que el temperamento, la edad ni el genio no han de tener influencia alguna en sus inclinaciones, ó en que su voluntad ha de torcerse al capricho de quien las gobierna. Todo se las permite, menos la sinceridad. Con tal que no digan lo que sienten, con tal que finjan aborrecer lo que mas desean, con tal que se presten á pronunciar, cuando se lo manden, un sí perjuro, sacrílego, origen de tantos escándalos, ya están bien criadas; y se llama escelente educacion la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo.

D.ª Fca.

Es verdad... Todo eso es cierto... Eso exigen de nosotras, eso aprendemos en la escuela que se nos da... Pero el motivo de mi afliccion es mucho mas grande.

D. Die.

Sea cual fuere, hija mia, es menester que usted se anime... Si la ve á usted su madre de esa manera, ¿qué ha de decir?... Mire usted que ya parece que se ha levantado.

D.ª Fca.