¡Dios mio!

D. Die.

Sí, Paquita: conviene mucho que usted vuelva un poco sobre sí... No abandonarse tanto... Confianza en Dios... Vamos, que no siempre nuestras desgracias son tan grandes como la imaginacion las pinta... ¡Mire usted qué desórden este! ¡Qué agitacion! ¡Que lágrimas! Vaya, ¿me da usted palabra de presentarse así?... Con cierta serenidad y... ¿Eh?

D.ª Fca.

Y usted, señor... Bien sabe usted el genio de mi madre. Si usted no me defiende, ¿á quién he de volver los ojos? ¿Quién tendrá compasion de esta desdichada?

D. Die.

Su buen amigo de usted... Yo... ¿Cómo es posible que yo la abandonase, criatura, en la situacion dolorosa en que la veo? (Asiéndola de las manos.)

D.ª Fca.

¿De veras?

D. Die.