Con que, señor D. Diego, ¿es ya la de vámonos?... Buenos dias... (Apaga la luz que está sobre la mesa.) ¿Reza usted?
D. Die.
Sí, para rezar estoy ahora. (Paseándose con inquietud.)
D.ª Ire.
Si usted quiere, ya pueden ir disponiendo el chocolate, y que avisen al mayoral para que enganchen luego que... ¡Pero qué tiene usted, señor!... ¿Hay alguna novedad?
D. Die.
Sí, no deja de haber novedades.
D.ª Ire.
Pues qué... Dígalo usted por Dios... ¡Vaya, vaya!... No sabe usted lo asustada que estoy... Cualquiera cosa, así repentina, me remueve toda y me... Desde el último mal parto que tuve quedé tan sumamente delicada de los nervios... Y va ya para diez y nueve años, si no son veinte; pero desde entonces, ya digo, cualquiera friolera me trastorna... Ni los baños, ni caldos de culebra, ni la conserva de tamarindos, nada me ha servido, de manera que...
D. Die.