No Señor.

D. Die.

Despacio la han tomado por cierto.

Simon.

Como su tia la quiere tanto, segun parece, y no la ha visto desde que la llevaron á Guadalajara...

D. Die.

Sí. Yo no digo que no la viese; pero con media hora de visita y cuatro lágrimas, estaba concluido.

Simon.

Ello tambien ha sido estraña determinacion, la de estarse usted dos dias enteros sin salir de la posada. Cansa el leer, cansa el dormir... Y sobre todo, cansa la mugre del cuarto, las sillas desvencijadas, las estampas del Hijo pródigo, el ruido de campanillas y cascabeles, y la conversacion ronca de carromateros y patanes, que no permiten un instante de quietud.

D. Die.