D.ª Fca.
Ya, como tú no lo has oido... Y dice que D. Diego se queja de que yo no le digo nada... Harto le digo, y bien he procurado hasta ahora mostrarme contenta delante de él, que no lo estoy por cierto, y reirme y hablar de niñerías... Y todo, por dar gusto á mi madre, que si no... Pero bien sabe la Vírgen que no me sale del corazon.
(Se va obscureciendo lentamente el teatro.)
Rita.
Vaya, vamos, que no hay motivos todavía para tanta angustia... ¿Quién sabe?... ¿No se acuerda usted ya de aquel dia de asueto que tuvimos el año pasado en la casa de campo del intendente?
D.ª Fca.
¡Ay! ¿cómo puedo olvidarlo?... ¿Pero qué me vas á contar?
Rita.
Quiero decir que aquel caballero que vimos allí con aquella cruz verde, tan galan, tan fino...
D.ª Fca.