Cleopatra.—Pues los que nos hemos dejado en casa.

Escipión.—Confieso, señora, que es una cuestión peliaguda. Permitidme consultar con mis camaradas.

Cleopatra.—Hacedlo.

(Se aleja hacia las mujeres. Los romanos deliberan en voz baja.)

Escipión.—¡Señora!

Cleopatra.—Soy toda oídos.

Escipión.—Mis camaradas, los señores romanos de la antigüedad, tras una larga deliberación, me han encargado que os diga que tendréis nuevos niños.

Cleopatra. (Estupefacta.)—¿De veras? ¿Creéis?...

Escipión.—¡Lo juramos! ¡Juremos todos, señores!

(Los romanos juran, blandiendo sus aceros.)