Cleopatra.—Pero el sitio no es nada bonito.

Escipión. (Ofendido.)—¿No os gusta?

Cleopatra.—Claro, montañas, hondonadas... En suma, una cosa estúpida. Esta piedra tan grande, por ejemplo, ¿qué hace aquí? ¡Quitadla!

Escipión. (Aparta la piedra.)—¡A vuestras órdenes, señora!

Cleopatra.—¡Y luego esos árboles! No, esto es muy feo. Me ahogo aquí. Vos mismo estáis avergonzado, no podéis negarlo. Pero me parece que debo daros una respuesta.

Escipión.—¿Una respuesta?

Cleopatra.—¡Claro! ¿No me habéis hecho una pregunta?

Escipión.—¿Yo? ¿Qué pregunta? Perdonad, señora, mi razón está un poco turbada con motivo de todo esto.

Cleopatra.—¡Vaya una ocurrencia! ¿Sabéis que eso es ofensivo para mí?

Escipión.—¿Para vos?