Elsa.—¿Quién es?

Enrique.—¡Elsa! ¡Amor mío! ¡Mi amada prometida!

Elsa.—¡Enrique!

(Se abrazan y permanecen así unos momentos, las bocas juntas en un beso. En lo alto de la escalinata aparece Astolfo. Mira un instante y desaparece de nuevo.)

Elsa.—¿Por qué me habéis hecho esperar tanto tiempo? He creído morir de angustia y desesperación. Enseñadme la faz... Si sois vos... eres tú... ¿Por qué no dices nada, Enrique? ¿Acaso has muerto y no eres más que tu espectro?

Enrique.—Sí, soy mi espectro.

Elsa.—¿Pero cómo queman tus labios de tal modo? Los labios de un espectro están fríos y mudos.

Enrique.—Una llama del infierno arde en ellos.

Elsa.—¿Y cómo fulguran de tal modo tus ojos? Los ojos de los espectros están apagados y mudos.

Enrique.—Los iluminan resplandores del paraíso. ¡Amor mío, novia querida! ¡Si supieras cómo te amo! ¡Qué largo ha sido este día para mí!