—¿Pero usted es ortodoxa?
—Sí.
—¿Por qué no quiere entonces prestar juramento?
Ella le miró y no respondió.
—¿Acaso pertenece usted a alguna secta que prohíbe prestar juramento?... Dígalo francamente, sin temor. El tribunal tomará en consideración sus explicaciones.
—No.
—¿Cómo que no? ¿No pertenece usted a ninguna secta?
—No.
—Usted teme quizá que en su declaración haya algo enojoso para usted... Teme, en fin, verse obligada a decir cosas que no querría decir. Pues bien: la ley le permite a usted dejar de contestar a las preguntas que le parezcan enojosas. ¿Quiere usted ahora prestar juramento?
—No.