—No. Antes rezaba; mas hace ya tiempo que no lo hago.
El miembro del tribunal que se encontraba a la izquierda del presidente le dijo por lo bajo:
—¿Por qué no les pregunta usted a las demás mujeres? ¿Acaso tampoco querrán prestar juramento?
El presidente tomó la lista de testigos y leyó:
—¡Pustochkina! Usted también, a lo que parece, se ocupa...
—¡Sí, también yo soy prostituta!—respondió con apresuramiento, casi con orgullo, una muchacha no menos bien trajeada.
Estaba muy contenta de verse en la sala del tribunal, donde todo le gustaba. Había ya cambiado algunas miradas con el joven abogado.
—¿Y usted? ¿Quiere prestar juramento?
—Sí, con mucho gusto.
—¿Ve usted, Karaulova? Su amiga no se opone a prestar juramento... ¿Y usted, Kravchenko? ¿Consiente?