En aquel momento se levantó un miembro del Jurado, un viejo delgado, huesudo, con una larga levita negra, y se dirigió al presidente:
—¿Quiere usted permitirme una pregunta?... Karaulova, ¿hace mucho tiempo que es usted prostituta?
—Ocho años.
—¿Y qué hacía usted antes?
—Era criada.
—Y, naturalmente, quien la puso a usted en el mal camino fue su amo... ¿O su hijo quizá?
—No, el amo mismo.
—¿Y cuánto le dio a usted?
—Diez rublos, y, además, un broche de plata y un corte de traje... Tenía un gran almacén de telas.
—¿Y por eso se perdió usted para toda la vida?