—Entonces ¿no prestará usted juramento?—interrogó el presidente a Karaulova.

—No.

—¿Y ustedes?—preguntó, dirigiéndose a Kravchenko.

—Nosotras aceptamos.

El tribunal deliberó largamente, hasta invitó al adjunto del fiscal a dar su opinión. Al fin, el presidente hizo conocer la decisión tomada:

—En vista de las opiniones no cristianas de Karaulova, el tribunal le permite que haga su declaración sin prestar juramento.

Los demás testigos se acercaron al altarcito, ante el cual esperaba el sacerdote.

—¡Levantaos!—proclamó en alta voz el ujier.

Todo el mundo en la sala se levantó y volvió la cabeza hacia el altarcito.

—¡Levantad la mano!—dijo el sacerdote.