Todos obedecieron.
—¡Repetid lo que voy a decir!
Luego, cambiando de voz, continuó en tono más solemne:
—Me comprometo y juro...
Los testigos repitieron en voces diferentes, y no todos a una:
—Me comprometo y juro...
—Ante Dios Todopoderoso y ante su Santo Evangelio...
—Ante Dios Todopoderoso y ante su Santo Evangelio...
El presidente lanzó un suspiro de satisfacción; al fin, todo estaba arreglado, y el mecanismo judicial, después de aquel entorpecimiento, funcionaba con regularidad, como es necesario.
Los testigos, excepto Karaulova, fueron alejados de la sala.