MEFISTÓFELES

Por arte del diablo, mía, tendrás en la cabeza la ciencia y en el corazón el sentir, si prefieres gozar, amar, tu cerebro irá perdiendo vigor, y pasará toda la vida al corazón... Si prefieres, como dices, ante todo, saber la verdad, la absoluta verdad, en tu cerebro irá entrando la clarividencia, la conciencia te dirá el último íntimo secreto de la realidad..., pero el corazón, que irá dando jugo al cerebro para que vea claro, se te irá secando; se pondrá como una piedra. Al fin, no sentirás, no amarás. Escoge.

FAUSTO

Ya lo he dicho.

MEFISTÓFELES

Pues dicho... y hecho. Comienza el encanto. Perdona si el aparato de la brujería es el de siempre: decoraciones gastadas de comedia de magia muy repetida. El infierno es viejo, antiguo régimen; seguimos empleando el aceite hirviendo, sapos y culebras, murciélagos, ratas, vestiglos... Por eso las pesadillas siguen siendo como en la Edad Media. Ya no me oye... medita... sueña... ¡Demontre, qué olvido! No le he obligado á firmar antes... ¿Firmará después?... ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya una equivocación! ¿Pues no he creído que era yo el Mefistófeles de la Ópera?

Firmar ¿para qué? El contrato lo perfeccionará la fuerza de las cosas... Con hacer lo que quiso, ya ha hecho lo que en vano querrá después deshacer...

FAUSTO

Volviendo en sí.

¡Oh luz! ¡Oh luz! Todo claro... Todo evidente... ¡Qué de mundos da la idea! ¡Qué procesión, qué sacra teoría de sistemas... los sistemas filosóficos de miles de millones de sistemas solares... Y todo sin fatiga, sin hastío; todo preparado por todo... ni un pensamiento inútil. ¡Santa Armonía! Y por fin... la verdad, el principio, la regla absoluta... ¡Ya lo sé todo! Y en el todo ¡qué sencillez! ¡Sacrosanta cenidad sencilla, humilde! ¿Cuál será el secreto del universo? ¿Una novedad? ¡No! Hasta los cursis lo habían dicho. Mefistófeles, ¿no lo sabes? No; tú, por alambicado y retorcido y relativista no lo sabrás. El secreto de la realidad, el fondo del ser, el primer móvil es el amor. Amar, sentir, eso es todo. La ciencia absoluta nos dice eso nada más: sentid, amad... Á ver, el corazón, Mefistófeles, ¡venga el corazón! ¡Me lo has robado, venga; no ha habido pacto; yo no he firmado nada! ¡Mi corazón!...