Murias no se ofendió. Él pensaba hacer lo mismo cuando fuese célebre: pensaba darse tono no viendo siquiera los principiantes que se le pusiesen delante.
Pasaron cinco minutos y tosió Murias, sin querer.
Levantó los ojos Sencillo y dijo:—Soy con usted. No puedo interrumpir ahora esto...
Vamos, pensó Jesús, tiene á algún poeta en el asador y temerá que se le queme.
El director del periódico, que observaba la escena desde su despacho, pues estaba la puerta abierta, se levantó, no sin vencer la prosa y se acercó á la mesa de Sencillo. Conocía al crítico, sabía cómo las gastaba y le quitaba todas las púas que podía. Allí El Erizo era Sencillo; el director, D. Autónomo Eufemio de Pérezbueno, era lo menos áspero que cabía. Era una mantequilla de Soria de mucho bulto y muy ilustrado. Usaba bata de las talares y babuchas de Tánger. Flemático, hombre de mucho mundo... corrido con buena correa, no creía en los malos escritores, á fuerza de creerlos inofensivos... No digo que no los haya, decía, sino que es lo mismo que si no los hubiera.
Abreviando: Murias salió de allí con muchas ilusiones, gracias á las buenas palabras de Pérezbueno. Á Sencillo apenas le oyó el metal de su voz, pero don Autónomo le había dado palabra de que Sencillo—Bisturí en el claustro... crítico—hablaría de los Ecos de todos los ríos y canales de Castilla y Aragón que se pusieran por delante.
Pasaron años; por lo menos así le parecieron á Murias, aunque no eran más que días, y Sencillo nada dijo ni de Ecos ni de resonancias. Murias se atrevió á ponérsele otra vez delante de la mesa. No estaba el director. Tosió Jesús, sin querer, de puro tísico; le miró Bisturí, le reparó bien y le mandó sentarse. Asado el poeta del día, Bisturí se volvió á Jesús y le preguntó, sin echar veneno, qué se le ofrecía... Murias, balbuciente, aludió á los Ecos que estaban en el cajón de la derecha... si no recordaba mal. Buscó Bisturí y echó de menos... un cartucho de dulces que había metido allí. Bronca entre la crítica y la portería. El portero culpaba á un redactor.
Quel giorno più non...
No se habló más de los Ecos aquel día. Al siguiente, sí. Estaba el director. Pareció el libro... debajo de un pie de la mesa. Estaba haciendo de forro. Ni por el forro lo había mirado Bisturí.