Y la de Frondoso, con mediana pronunciación, repetía siempre que hablaba de esto:

Si notre esprit n’est pas sage á toutes les heures,
Les plus courts erreurs sont toujours les meilleurs.

—Y tú no puedes quejarte, Nerón—añadía la simpática matrona—; hace un siglo que te quiero.

Y era verdad; la de Frondoso se había acostumbrado á su poeta del molino viejo, y no llevaba trazas el trueno de venir por causa de ella.

Pero al vate le llamaron á su pueblo, donde le esperaba una buena moza, que le quería muchos años hacía, y que acababa de heredar algo más sólido que los poemas descriptivos. Trabanco habló claro. Julita trató de disuadirle; le aconsejó que se quedara en Madrid para hacerse célebre de veras; esto en el lenguaje de Julita, quería decir: hacerse hombre político con el riñón cubierto. Le prometió ayudarle con la influencia de su marido y otras que ella tenía... Quedaron en discutirlo en el tren, saliendo juntos de Madrid, ella para Francia y él para su pueblo... Si ella le convencía en unas cuantas horas... seguirían juntos á Francia...

La de Frondoso no vió á Trabanco ni en la estación ni en el tren. No le volvió á ver en muchos años. Le perdonó, le escribió; él contestó dos, tres veces; después, ni cartas.

Julita perdonó esto también... y á los pocos meses para ella Trabanco era un joven de porvenir, que había cortado la carrera casándose con una ingenua de pueblo. Y tan amigos.


Pasaron más de doce años, trece ó catorce; la de Frondoso siguió viviendo en Madrid, y Trabanco en Barcelona, en Sevilla, en el extranjero algunas temporadas; á Madrid no fué nunca más que de paso. Muy de tarde en tarde, leía Ángel en los periódicos algo referente á las tertulias de la señora de Frondoso; según los revisteros de salones, el encanto de aquella morada era Luz, aquella Bebé de que tanto le hablaba illo tempore Julita; la niña esbelta y precoz que había visto él muy pocas veces, siempre de lejos.

Una tarde, en uno de sus raros viajes á la corte, Trabanco hablaba con varios amigos, políticos y literatos, en un corrillo en la Carrera de San Jerónimo.