Á tales fechas, Trabanco era muchas cosas antes que lírico. Con el dinero de su mujer había hecho negocios muy sanos en la industria taponera; el corcho y su mercado eran una de las preocupaciones más importantes del poeta de cabeza gris y grandes patas de gallo alrededor de los ojos, siempre enérgicos y soñadores. El corcho le había llevado al estudio de ciertas cuestiones económicas muy prácticas; de estas cuestiones había ido por asociación de hechos á la política, y en la actualidad era un candidato á la diputación á Cortes, tan encasillado como otro cualquiera. Pero seguía siendo poeta y viendo el mundo por su aspecto de hermosura plástica; de tarde en tarde publicaba un tomo de versos, muy elegante, con grabados muy bonitos. No le atormentaba la mucha ó poca venta, como antaño; el corcho le permitía estar tranquilo respecto de este particular. Regalaba muchos ejemplares, recorría muchas redacciones y se hablaba bastante de los versos de Trabanco, sin que nadie pusiera interés en negarle el talento poético, que ni subía ni bajaba. Cuando había alguna vacante de académico de la Española, no faltaban críticos que indicaban á Trabanco, sin escándalo de nadie. Y nada más. Ésta era toda su gloria. Como se ve, Trabanco no había llegado á ser célebre de veras, como la de Frondoso hubiera querido, y acaso hubiera conseguido si él no se hubiese separado de ella y de la corte.
En fin, aquella tarde, cuando más animada estaba la conversación del corrillo, dos damas muy bien vestidas, altas las dos, una vieja y otra muy joven, deslumbradora de lozanía y belleza, pasaron junto á aquel grupo, que se abrió para dejar libre la acera.
—¡Ibáñez!—exclamó la dama entrada en años deteniéndose y alargando una mano á un buen mozo, pero muy gastado, que formaba parte del corro.
—Señora... Luz...
—Me tiene usted olvidada.. Y tú, Luz, ríñele...
—No lo crea usted. Mañana mismo...
—Sí, siempre mañana...
—Mañana sin falta tiene usted eso en el palco; ¿no le toca á usted mañana en el Español?
—Sí, sí; ¿pero están ya hechos?
—Sí, señora, sí. No valen nada... pero...