—¿Su gracia de usted?

—Yo soy el doctor Pértinax, autor del libro estereotipado en su vigésima edición, que se intitula Filosofía última...

San Pedro, que no era listo de mano, sólo había escrito á todo esto Pértinax...

—Bien: ¿Pértinax de qué?

—¿Cómo de qué? ¡Ah! sí; querrá usted decir ¿de dónde? así como se dice: Tales de Mileto, Parménides de Elea... Michelet de Berlín...

—Justo, Quijote de la Mancha...

—Escriba usted: Pértinax de Torrelodones. Y ahora, ¿podré saber qué farsa es ésta?

—¿Cómo farsa?

—Sí, señor; yo soy víctima de una burla; esto es una comedia; mis enemigos, los de mi oficio, ayudados con los recursos de la industria, con efectos de teatro, exaltando mi imaginación con algún brebaje, han preparado todo esto, sin duda; pero no les valdrá el engaño: sobre todas estas apariencias está mi razón; mi razón, que protesta con voz potente contra y sobre toda esta farándula; pero no valen carátulas ni relumbrones; que á mí no se me vence con tan grosero ardid, y digo lo que siempre dije y tengo consignado en la página 315 de la Filosofía última..., nota b de la subnota alfa, á saber: que después de la muerte no debe subsistir el engaño del aparecer, y es hora de que cese el concupiscente querer vivir, Nolite vivere, que es sólo cadena de sombras engarzada en deseos, etc., etc. Conque así, una de dos: ó yo me he muerto, ó no me he muerto; si me he muerto, no es posible que yo sea yo, como hace media hora, que vivía; y todo esto que delante tengo, como sólo puede ser ante mí, en la representación no es, porque yo no soy; pero si no me he muerto, y sigo siendo yo, éste que fuí y soy, es claro que esto que tengo delante, aunque existe en mí como representación, no es lo que mis enemigos quieren que yo crea, sino una farsa indigna tramada para asustarme, pero en vano, porque ¡vive Dios!...