Oída la sentencia, Pértinax volvió á desmayarse.


Cuando despertó, se encontró en su lecho. Mónica y un cura estaban á su lado.

—Señor—dijo la bruja—, aquí está el confesor que usted ha pedido...

Pértinax se incorporó; pudo sentarse en la cama, y extendiendo ambas manos, gritó, mirando al confesor con ojos espantados:

—Digo, y repito, que todo es pura representación, y que se ha jugado conmigo una farsa indigna. Y en último caso, podrá ser cierto lo que he visto; pero entonces juro y perjuro que si Dios hizo el mundo, debió haberlo hecho de otro modo.—Y expiró de veras.

No le enterraron en sagrado.

DE LA COMISIÓN...