—Sí: la primera y última filosofía.
—¿Luego no sueño?
—No.
—¡Confesión! ¡confesión!—gritó llorando el filósofo; y cayó desmayado en los brazos de Diógenes.
Cuando volvió en sí, estaba de rodillas, todo vestido de blanco, en los estrados de Dios, á los pies de la Santísima Trinidad. Lo que más le chocó fué ver efectivamente al Hijo sentado á la diestra de Dios Padre. Como el Espíritu Santo estaba encima, entre cabeza y cabeza, resultaba que el Padre estaba á la izquierda.—No sé si un Trono ó una Dominación, se acercó á Pértinax y le dijo:
—Oye tu sentencia definitiva: y leyó la que sigue:
“Resultando que Pértinax, filósofo, es un pobre de espíritu incapaz de matar un mosquito;
“Resultando que estuvo dando alimentos y carrera por espacio de muchos años á un hijo natural habido por el tambor mayor Roque García en Mónica González, ama de llaves del filósofo;
“Considerando que todas sus filosofías no han causado más daño que el de abreviar su existencia, que no servía para bendita de Dios la cosa;
“Fallamos que debemos absolver, y absolvemos libremente al procesado, condenando en costas al fiscal señor don Ramón Nocedal, y dando por los méritos dichos al filósofo Pértinax la gloria eterna.”